Mensaje navideño: Debemos ser la luz los unos para con los otros

En su mensaje navideño, el presidente de la FLM, Stubkjær, recuerda una reciente visita a Belén y reflexiona sobre el llamado a la esperanza que se encuentra en el corazón de la historia de la Natividad.

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Photo: Laura Nyhuis/Unsplash

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El presidente de la FLM, el obispo Henrik Stubkjær, reflexiona sobre el llamado a la esperanza que se encuentra en el corazón de la historia de la Natividad

(LWI) (Información Luterana Mundial) - Dios se acerca a nosotros a través del nacimiento del Niño Jesús, recordándonos la necesidad de llevar la luz a la oscuridad y la esperanza, «incluso en los lugares más desesperanzadores». En un mensaje enviado a las iglesias y congregaciones de todo el mundo, el presidente de la Federación Luterana Mundial (FLM), el obispo Henrik Stubkjær, reflexiona sobre el llamado a la esperanza que se encuentra en el corazón de la historia de la Navidad.

Hace más de 2,000 años, dice: «Dios se acercó mucho a nosotros en Jesucristo para proclamar su gracia y su perdón». Sin embargo, señala que ese mensaje de salvación para todas las personas no fue un acontecimiento aislado ocurrido en un establo de Belén. Más bien, la historia de la Navidad es un recordatorio de que «la salvación de Dios nos llega de nuevo», lo que nos permite llevar luz, alegría y esperanza en medio de la oscuridad y de la injusticia de nuestro mundo, dice Stubkjær.

Recordando una reciente visita a la Iglesia Evangélica Luterana en Jordania y en Tierra Santa, el líder de la FLM dice que se sintió conmovido al visitar la Basílica de la Natividad en Belén, lugar que «es en sí mismo un mensaje de paz y esperanza en medio de realidades crueles, incertidumbre, opresión y aislamiento». Tras esa visita, también se reunió con algunos alumnos de la escuela Dar Al Kalima, gestionada por la Iglesia luterana, que ofrece educación integral a niños desde preescolar hasta el 12º grado.

En su mensaje, Stubkjær comparte las palabras de una joven estudiante palestina que habló de los retos a los que se enfrentan ella y sus compañeros de clase. «Es difícil ver la luz en las circunstancias que nos rodean», dijo, «pero, si no podemos ver la luz, entonces nosotros mismos debemos ser la luz». En un mundo dividido, donde los conflictos nos separan, el presidente de la FLM concluye: «En palabras de esa joven, seamos luces los unos para los otros, dondequiera que estemos».

Vea el mensaje de Navidad completo:

Debemos ser la luz

La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad...

Tito 2:11

En una pared de un barracón de un campo de concentración, un prisionero grabó una inscripción: «Creemos en el sol incluso cuando no brilla. ¡Y creemos en Dios incluso cuando no lo vemos!».

La inscripción es una expresión arrolladora y fuerte de la esperanza en Dios que brota incluso en los lugares más desesperanzadores. El mensaje está grabado en la pared, tal vez para mantenerlo firme y compartirlo con los demás prisioneros como fuente de ánimo y esperanza.

Al igual que el prisionero, el apóstol Pablo también escribió palabras de esperanza para sostener la fe. Sin embargo, él no grabó estas palabras en una pared, sino que las escribió en una carta a su amigo, compañero de fe y colaborador, Tito; ellos dos juntos estaban fundando una nueva congregación en la isla griega de Creta. Y, cuando Pablo tuvo que continuar su viaje misionero, dejó a Tito allí con la tarea de elegir a los
ancianos para la nueva congregación. Poco tiempo después, le envió estas palabras de aliento:

La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad…

Estas palabras expresan la esencia del mensaje de la Navidad: que Dios se acercó mucho a nosotros en Jesucristo para proclamar su gracia y su perdón. Nos recuerdan la intervención de Dios en el mundo hace más de 2000 años, algo que ya ha ocurrido.

Además, al mismo tiempo nos recuerdan algo que volverá a suceder esta Navidad. La salvación de Dios nos llega de nuevo como acción sanadora de Dios a través de Jesucristo, para la alegría de las personas y la paz en el mundo.

En Viborg, donde yo vivo, tenemos un bonito lago pequeño con salida a un arroyo, sobre el cuál hay un puente. Ahí, cuando hacemos senderismo, a menudo se detiene uno y miramos el agua que corre bajo el puente. Hay, entonces, dos opciones: es posible mirar en la dirección en la que el agua se aleja de uno, o se puede mirar en la dirección en la que el agua se acerca a uno.

De esta manera puede suceder en la vida humana. A menudo nos sentimos atraídos a mirar atrás, a añorar lo que fue, a suspirar por lo que no fue, a sentirnos abrumados por el abandono, el fracaso y la derrota, o simplemente a pensar en cómo se nos escapó el tiempo.

Pero también podemos mirar en la otra dirección. Ver cómo el tiempo viene hacia nosotros, cómo siempre hay nuevas oportunidades. Podemos levantar la cabeza, tener esperanza y mirar hacia adelante.

Podemos leer las palabras alentadoras de Pablo a Tito como si hubieran sido escritas también para nosotros, mismos que, en estos tiempos, tenemos la tarea de difundir la Palabra de Dios y construir la Iglesia como lo hizo Pablo en su día. Estas palabras mantienen una dualidad: por un lado, apuntan al nacimiento de Jesús como un acontecimiento en la historia de la salvación, en el que Dios se acercó mucho a la humanidad; por el otro, también apuntan hacia adelante, recordándonos que la salvación de Dios nos llega de nuevo cada Navidad, trayendo esperanza para el presente y el futuro.

En una reciente visita que hice a la Iglesia Evangélica Luterana en Jordania y en Tierra Santa, tuve la oportunidad de visitar la Basílica de la Natividad en Belén. Fue conmovedor visitar este lugar, que es, en sí mismo, un mensaje de paz y esperanza en medio de realidades crueles, incertidumbre, opresión y aislamiento. ¡En este mismo lugar la luz de Dios vino a la tierra!

Sin embargo, aquí la oscuridad es más profunda. El contraste no podría ser más marcado.

Pero, si no podemos ver la luz, entonces nosotros mismos debemos ser la luz

Después de nuestra estancia en la Basílcia de la Natividad, visitamos la escuela Dar Al Kalima, dirigida por la Iglesia Luterana, en donde conocimos a varias y varios estudiantes. De las y los cuales, una joven nos contó cómo es ser joven en Belén hoy en día. Así concluyó: «Es difícil ver la luz en las circunstancias que nos rodean. Pero, si no podemos ver la luz, entonces nosotros mismos debemos ser la luz».

Qué mensaje tan fuerte, valiente y reconciliador nos transmitió esta joven palestina.

En un mundo que parece que cada vez se divide más, en donde las palabras pueden ser duras y en donde los conflictos, tanto los que se producen a nivel global, como los que se viven a pequeña escala, nos separan cada vez más, necesitamos el mensaje de la Navidad. Porque la Navidad habla de lo que nos une. Nos recuerda que la esperanza no proviene de nosotros mismos, sino que nos es dada.

En medio de todo lo que nos divide, las palabras del ángel siguen resonando: «No temáis, porque yo os doy nuevas de gran gozo». Dejemos entonces que la luz de la Navidad de este año irradie justicia y reconciliación. En palabras de esa joven, seamos luces los unos para los otros, dondequiera que estemos.

Les deseo a todas y todos una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo.

Obispo Henrik Stubkjær
Presidente de la Federación Luterana Mundial

LWF/P. Hitchen