Queridas hermanas y hermanos:
“Yo hago nuevas todas las cosas”. Estas palabras de Apocalipsis 21:5 son la consigna para el 20261. Siguen a la promesa de un nuevo cielo y una nueva tierra, donde ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor (Apocalipsis 21:4). ¿Se trata solo de un lejano futuro escatológico o también se refiere a nuestra realidad actual? Y si es así, si Dios realmente promete renovar todas las cosas ya ahora, ¿cómo recibimos este mensaje? ¿Con esperanza o con temor? ¿Con anhelo o con resistencia?
Recibiendo la promesa de Dios de hacer nuevas todas las cosa
Para muchos, esta es una buena noticia por la que han estado esperando mucho tiempo: un niño que ha perdido a sus padres en una guerra; una joven que está siendo acosada en las redes sociales; un hombre que lleva meses buscando trabajo sin éxito. Es una buena noticia para todos los que están perdiendo la esperanza.
Para algunos, sin embargo, esta promesa puede sonar más bien como una amenaza. Puede ser porque finalmente han logrado marginar a otros y ahora se encuentran en la cima de su poder; otros pueden simplemente estar genuinamente felices con cómo van las cosas en sus vidas: tienen una familia amorosa, buenos amigos y un trabajo interesante y satisfactorio. En tales casos, una promesa de hacer nuevas todas las cosas podría sonar inquietante. Sin duda alguna, algunas deberían renovarse en el mundo en general, pero no en la vida privada de cada uno.
Es reconfortante saber que la fuente de la promesa de hacer todas las cosas nuevas es Dios. Demasiados líderes políticos a lo largo de la historia y hasta el día de hoy han prometido renovarlo todo, basándose en sus creencias, ideologías o en sus deseos de lucro personal. Sin embargo, una vez que llegan al poder, a veces mediante la explotación de los miedos y la desesperación de la gente, resulta que lo que prometían no era nada nuevo, sino más bien el despertar de viejos espíritus que alguna vez fueron abandonados por buenas razones. O también puede suceder que, efectivamente, se introduzca algo radicalmente nuevo, pero a costa de oprimir a muchos.
Cómo interviene Dios
La promesa de Dios de hacer nuevas todas las cosas es de otro tipo, pues se extiende a lo largo del tiempo: desde el momento en que estas palabras fueron pronunciadas por primera vez a la comunidad cristiana primitiva, consolándola frente a un poderoso imperio, hasta nuestro propio tiempo con dirección al cumplimiento definitivo de todas las cosas. Dios, entonces, abarca todos los tiempos, como leemos en el mismo Libro del Apocalipsis: “Yo soy el Alfa y la Omega”, el que es y que era y que ha de venir (Ap. 1,8).
Quizás a veces nos preguntamos cómo es que Dios renueva todas las cosas y cómo interviene en el curso de la historia. Puede que algunas cosas se nos mantengan ocultas, pero una forma en que Dios interviene es a través de nosotros, llamándonos a difundir la luz que vino al mundo en la primera Navidad. La encarnación de Dios, la encarnación del Verbo en Jesucristo, es el comienzo de la nueva creación, de la renovación de todas las cosas.
La luz que cambia nuestra forma de ver
Consideren ustedes qué tan influyente es la luz en la manera en que vemos las cosas. En un museo de arte, por ejemplo, bajo la brillante luz del mediodía, los colores de un cuadro pueden parecernos nítidos y bien definidos. Las sombras son mínimas y los detalles claros. Pero ese mismo cuadro, visto bajo la luz más suave del atardecer, adquiere un carácter diferente. Los colores se intensifican, las sombras se alargan y lo que antes parecía enérgico ahora puede parecernos contemplativo o incluso inquietante.
la luz de Cristo cambia toda perspectiva
De manera similar, la luz de Cristo cambia toda perspectiva. Dios puede renovarnos como seres humanos, atrayéndonos hacia esta nueva perspectiva e inspirándonos con ella. Es una que nos inspira no a menospreciar ni oprimir al otro, sino a ver en cada persona a un hijo de Dios creado a su imagen; que está dispuesta a compartir en lugar de acumular solo para sus propias necesidades; que es capaz de sentir empatía en lugar de ver el mundo a través de lentes cínicas; que es autocrítica y está preparada para la metanoia, el cambio de mentalidad, en lugar de ser arrogante o engreída. Oro para que esta perspectiva guíe nuestra Comunión global durante el próximo año, permitiéndonos participar de la promesa de Dios de renovar todas las cosas y ofrecer esperanza a muchos.
Les deseo a todos un muy buen y bendecido año 2026, lleno de esperanza y de asombro por cómo Dios renueva todas las cosas.
Rvda. Dra. Anne Burghardt
Secretaria General
1 La consigna o el lema del año es una tradición que ha surgido de la consigna diaria morava (The Moravian daily watchword).