La Cuaresma es una invitación a los cristianos a celebrar el amor cristiano que nos caracteriza y nos anima a permanecer unidos y en comunidad a pesar de las dificultades.
por Rev. Karla Steilmann
La Cuaresma es un tiempo para acercarnos a nuestros hermanos y hermanas, tal y como Cristo se acercó a nosotros. Foto: Unsplash
¿Cómo se vive y se celebra el tiempo de cuaresma en tu país, tu comunidad y en tu casa?
En mi Paraguay natal, la cuaresma y la pascua están envueltas en tradiciones locales con un fuerte énfasis en la vida familiar y comunitaria y el compartir de alimentos típicos. Esta época del año está marcada por la transición entre el fin del verano y el inicio del otoño. Los días ya no son tan calurosos y el clima templado y agradable se instala, dando lugar a varias actividades al aire libre.
En mi niñez durante este tiempo íbamos a la escuelita bíblica de cuaresma. Recuerdo claramente las tardes de sábado en la iglesia cuando nos sentábamos en ronda y cantábamos a toda voz canciones alusivas a este tiempo litúrgico. No teníamos Spotify ni YouTube, teníamos que leer del himnario o, en su defecto, aprender las melodías y las letras de memoria. Muchas de ellas las recuerdo hasta el día de hoy. Poco era lo que entendía sobre los conceptos teológicos que rodeaban esta época pero me encantaba poder encontrarme con mis amigos “de la iglesia”, escuchar historias, hacer manualidades, jugar y merendar juntos. El clima era perfecto para que niños y niñas jugaran en el patio de la iglesia, creando memorias que nos acompañarían el resto de la vida. Y así, envueltos en la inocencia de la niñez, nos enseñaron con simplicidad, paciencia y amor que el templo, la comunidad y la vida de fe, eran también nuestro hogar y que era un espacio compartido con nuestros pares. Eramos comunidad, pero aún no lo sabíamos. Quizás algunos de ustedes también hayan tenido experiencias similares.
Amor infinito e incondicional:
“Un mandamiento nuevo nos da el Señor, que nos amemos todos como él nos amó”1, dice una canción compuesta en Latinoamérica e inspirada en Juan 13,34-35, y que cantábamos una y otra vez durante dichos encuentros. Es una canción para todas las edades que hace alusión a la vida comunitaria y al amor al prójimo.
“La señal de los cristianos, es amarnos como hermanos”, dice la misma canción en una siguiente estrofa. El texto del evangelio que subyace detrás de la melodía es breve pero potente: lo que nos debe distinguir como cristianos es el amor que nos tenemos, o que nos deberíamos tener.
Las palabras de Jesús transmitidas por el evangelista nos desafían y nos empoderan de tal manera que no podemos escapar de ellas si queremos ser reconocidos como seguidores de Cristo. No hay salida, es simple: debemos amarnos los unos a los otros. Pero no es cualquier amor, es un amor como el de Cristo. Un amor respetuoso, liberador, profundo, lleno de entrega, empatía y sobre todo, incondicional e infinito. El amor que nos demanda Cristo no es estático y bajo ninguna circunstancia debe quedar oculto, más bien debe ser demostrado, debe ser visible, y por sobre todas las cosas, debe ser compartido, para que quien nos vea reconozca nuestra identidad de fe. No hay una lista de reglas sobre como demostrarlo ni de como vivir, por lo cual somos libres para amar y servir a los demás, sin ataduras dogmáticas ni barreras impuestas por el mundo.
La vida en comunidad:
Digo todo eso y pienso en cómo mi yo de la escuelita bíblica entendería ese mandato de Jesús, quizás a través del sencillo y profundo acto de vivir en comunidad respetándose y cuidándose mutuamente. Y si les soy honesta, creo que esa es una muy buena manera de vivir la cuaresma, con un énfasis en la vida comunitaria y basados en el amor que Cristo nos enseñó a tener entre nosotros.
Este es un tiempo de reflexión, de recordar la vida de Jesús, que fue una vida rodeada de personas, de contacto, de comunidad, de cuidado y empatía, de amor. Este un tiempo para acercarnos a nuestros hermanos y hermanas y por qué no, como se hace con los niños: cantar, hacer actividades creativas, contar historias y compartir la comida, ya que esas actividades nos unen y nos hacen bien a todas las edades.
En este tiempo de cuaresma, les invito a celebrar que el amor de Cristo nos une, que nos identifica y nos desafía a permanecer unidos y en comunidad a pesar de las dificultades.