Las comunidades que forman parte de la Iglesia Luterana Mexicana (ILM) reunidos en Guadalajara. Foto: ILM
GUADALAJARA / México (LWI) - Del 2 al 5 de febrero de 2026, la Iglesia Luterana Mexicana (ILM) celebró su Asamblea General en la Iglesia Fe, en Guadalajara, reuniendo a líderes de ocho de las once iglesias que conforman esta comunión en el país. Durante cuatro días, representantes de diversas congregaciones compartieron experiencias, evaluaron el funcionamiento de sus comunidades y reflexionaron sobre los retos y oportunidades que enfrenta el testimonio luterano en contextos locales muy diversos.
La agenda incluyó conversaciones sobre asuntos administrativos y el fortalecimiento de la vida congregacional, así como un intercambio abierto sobre dificultades, aprendizajes y aciertos en el trabajo pastoral. En un ambiente fraterno, los participantes encontraron también un espacio para conocerse mejor y fortalecer los vínculos entre comunidades que, aunque pequeñas y dispersas, comparten una misma identidad y misión.
El Profesor Guillermo Hansen acompañó a la ILM en su asamblea. Foto: ILM
Uno de los momentos centrales de la asamblea fue la participación del teólogo y pastor Guillermo Hansen, de la Iglesia Evangélica Luterana Unida (IELU) y profesor en el Seminario Luterano de Saint Paul (Estados Unidos). Sus presentaciones se centraron en la doctrina luterana, particularmente en los sacramentos del bautismo y la Santa Comunión, subrayando su importancia para la vida de la iglesia y para la formación de nuevos liderazgos.
La reflexión teológica resultó especialmente significativa para comunidades donde algunas personas que hoy asumen responsabilidades provienen de tradiciones cristianas no luteranas. En ese contexto, se destacó la necesidad de fortalecer la formación doctrinal y, al mismo tiempo, ampliar las oportunidades de desarrollo y servicio para hombres y mujeres por igual dentro de las congregaciones.
Más allá de los temas formales, la asamblea ofreció un espacio valioso de encuentro. Para una iglesia formada por comunidades pequeñas y culturalmente diversas, reunirse cara a cara permitió renovar la comunión, compartir esperanza y abrir la puerta a futuras visitas e intercambios entre congregaciones a lo largo del año.