Activistas luteranos participando de un taller sobre justicia climática en Lima, Perú, en 2025. Foto: FLM/E.Albrecht
GINEBRA (LWI) - Durante el tiempo de Cuaresma, iglesias miembro de la Federación Luterana Mundial (FLM) en América Latina y el Caribe (LAC) se sumaron activamente a la campaña global de “ayuno de carbono”, una iniciativa impulsada por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) en el marco de la Década Ecuménica de Acción por la Justicia Climática.
La campaña, conocida como Global Systemic Carbon Fast, invita a la familia cristiana global a asumir prácticas concretas de reducción del consumo y de las emisiones de carbono como expresión de fe, justicia y cuidado de la creación.
En la región LAC, la iniciativa se expresó a través de una serie de videos testimoniales en los que líderes y lideresas luteranos compartieron compromisos personales y comunitarios orientados a promover estilos de vida más sostenibles, vinculando la espiritualidad cuaresmal con la acción climática.
Los testimonios de las iglesias:
Desde la Iglesia Luterana Costarricense, el pastor Erick Umaña propuso una reflexión teológica sobre la relación con la naturaleza, subrayando que no puede ser entendida como un objeto de explotación, sino como una realidad sagrada que merece respeto y cuidado. En ese marco, destacó la necesidad de adoptar un consumo energético responsable, basado en necesidades reales y no en el consumismo.
Por su parte, Luis Alfredo Matute, de la Iglesia Cristiana Luterana de Honduras, invitó a resignificar el ayuno como un “ayuno energético”, señalando que las decisiones cotidianas —como apagar luces o desconectar dispositivos— tienen un impacto directo en el planeta. En su mensaje, vinculó estas acciones con una práctica espiritual que enciende esperanza para un mundo más justo.
Desde la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, la Rev. Karla Steilmann compartió medidas concretas como la reducción del uso de combustibles fósiles, la movilidad a pie o mediante energías renovables, y la elección de alimentos de estación.
En la misma línea, el Rev. Carlos Kozel enfatizó la dimensión comunitaria del ayuno, proponiendo cambios en hábitos cotidianos —como el uso consciente del aire acondicionado o la ventilación natural— que puedan generar impacto social y ambiental a largo plazo.
También desde la Iglesia Luterana Salvadoreña, Marco Romero y Arisbé Gómez destacaron el uso de la bicicleta como práctica de ayuno, subrayando su contribución a la reducción de la contaminación y al cuidado del entorno local.
En Chile, la obispa Izani Bruch, de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile, invitó a recuperar el sentido profundo de la Cuaresma como un tiempo de revisión de prácticas, promoviendo la reducción del uso del automóvil particular y el fortalecimiento del transporte público como forma concreta de disminuir emisiones.
El testimonio de José Pilar, de Guatemala, aportó una perspectiva que vincula el cuidado ambiental con la defensa del territorio, destacando la importancia de la tierra como fuente de vida, biodiversidad y sabiduría ancestral.
Finalmente, la Rev. Ángela Trejo, de la Iglesia Luterana Mexicana, propuso una comprensión integral del ayuno que incluye la reducción del consumo de agua y carne, junto con una dimensión solidaria que invita a compartir con quienes más lo necesitan.
En conjunto, estas voces reflejan una comprensión del “ayuno de carbono” como una práctica que trasciende lo individual, integrando dimensiones espirituales, comunitarias y políticas. La participación de las iglesias luteranas de América Latina y el Caribe en esta campaña da cuenta de un compromiso creciente con una fe que se expresa en acciones concretas frente a la crisis climática.
A través de esta iniciativa, las iglesias reafirman su participación en la Década Ecuménica de Acción por la Justicia Climática, promoviendo una conversión sustentable, que no solo transforme hábitos personales, sino que también impulse cambios estructurales hacia una mayor justicia socioambiental.