César Mora expone ante el Sínodo de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile sobre la tarea que se realiza en América Latina y el Caribe en torno a la Justicia Climática, en el marco de las iniciativas impulsadas por la Federación Luterana Mundial. Foto: IELCH
SANTIAGO DE CHILE / Chile (LWI) - Durante su Sínodo celebrado en este año, la Iglesia Evangélica Luterana en Chile (IELCH) incorporó formalmente la Justicia Climática como uno de los principios que orientan su vida y misión. La moción aprobada por la asamblea establece: “Promovemos el cuidado de la creación en nuestras comunidades y en la sociedad como expresión de la esperanza en el Reino de Dios”.
La propuesta fue presentada por la Congregación La Trinidad y expuesta por César Mora, quien ha participado en iniciativas regionales de la Federación Luterana Mundial (FLM) sobre justicia climática. Mora explicó: “La justicia climática es una forma de responder al cambio climático que reconoce que las causas son estructurales y los impactos desiguales. No se trata sólo de cuidar la naturaleza, sino de enfrentar una crisis que agudiza otros problemas como la pobreza, la desigualdad y la exclusión”.
Para Mora, este principio atraviesa tanto la vida social como la eclesial: “En lo social implica políticas públicas justas, cambios en los estilos de vida y defensa de las comunidades más vulnerables. En lo eclesial toca nuestra misión pastoral, diacónica y profética: acompañar, cuidar y transformar desde la fe”.
Por su parte, la obispa Izani Bruch subrayó la dimensión teológica de este compromiso. Recordando Génesis 2:15, afirmó: “No somos dueños de la creación, sino mayordomos responsables. La crisis climática nos muestra que esa relación se ha roto por nuestro pecado al sobreexplotar la naturaleza. La Justicia Climática es un llamado a restaurar el equilibrio entre el ser humano y la creación”. Asimismo, destacó que toda acción de la iglesia debe enraizarse en la esperanza: “La esperanza no es resignación sino confianza en la promesa redentora de Dios que hace nuevas todas las cosas. Si ya no hubiera esperanza, no habría razones para actuar. Pero tenemos esperanza, y por eso actuamos”.
Con esta decisión, la IELCH se une a otras iglesias miembro de la FLM que han integrado la justicia climática en sus ministerios. “Nos une una misma fe y una misma vocación común de cuidar la creación como don de Dios”, señaló Mora. “Este principio nos permite colaborar y dar un testimonio unido ante el mundo, desde una fe activa y comprometida con la vida”. La Federación Luterana Mundial reconoce el cambio climático como uno de los desafíos decisivos de nuestro tiempo. A nivel global, la FLM impulsa el Programa Ejecutivo para la Justicia Climática, y en América Latina y el Caribe coordina el Foro de Justicia Climática, espacios en los que la IELCH participa activamente.