Niños y niñas de la Iglesia Fe de la Iglesia Luterana Mexicana (ILM) pasaron una hermosa jornada, aprendiendo y viviendo su fe en comunidad. Foto: Isabel Vázquez
GUADALAJARA / México (LWI) - El pasado 26 de abril, la Iglesia Evangélica Fe —comunidad de la Iglesia Luterana Mexicana (ILM)— celebró el Día de la Niñez 2026 con una propuesta sencilla pero significativa: mirar la Biblia desde los ojos de los niños y las niñas. La jornada reunió a familias, maestras y los miembros de la Escuela Infantil en un clima de cercanía, aprendizaje y celebración compartida.
Tomando como inspiración los textos de Mateo 18:1-6 y Marcos 10:13-16, fueron los propios niños y niñas quienes se pusieron al frente. Con entusiasmo y algo de nervios, representaron distintas historias bíblicas: desde el bebé Benjamín hasta el niño que compartió los panes y los peces, pasando por la niña al servicio de Naamán, el hijo de la mujer sunamita y el joven Joás. Cada escena, a su manera, fue abriendo preguntas y reflexiones sobre la fe, la oración y la manera de vivir con otros.
Nada de esto fue improvisado. La preparación comenzó en enero, con un trabajo paciente y creativo, pensado especialmente para chicos que están dando sus primeros pasos en la lectura y la escritura. Las maestras dirigieron sus esfuerzos a que comprendieran el sentido de las historias más que a repetirlas de memoria, usando juegos y dinámicas acordes a su edad. Y eso se notó: desde el inicio, los chicos se involucraron con ganas, apropiándose de los relatos y pensando qué actitudes querían imitar —o evitar— en su propia vida.
La jornada también buscó sembrar algo más profundo: confianza en Dios, gusto por la oración, amor por la Palabra y una esperanza viva en la resurrección. Al cierre, la hermana Sara Trejo, parte del equipo del ministerio infantil, lo expresó con sencillez: “Damos gracias a Dios y le pedimos que nos siga regalando su gracia para continuar sembrando las buenas nuevas en cada uno de nuestros niños y niñas. Un niño es multitud”.
El encuentro terminó entre sonrisas, agradecimientos y ese clima difícil de explicar pero fácil de reconocer cuando hay comunidad. Una celebración que, más allá de un día en el calendario, reafirma el compromiso de acompañar la fe desde los primeros años.